Tuesday, 29 June 2010

libertad interior

No existen muchos métodos para alcanzarla.
Lo que turba la paz del alma es el sufrimiento y lo que causa ese sufrimiento es el desacuerdo entre nuestros anhelos y la realidad circundante. Existen tres medios, en teoría para eliminar ese desacuerdo: o cambiar la realidad, de suerte que corresponda a nuestros deseos, o suprimir éstos, o finalmente transformarlos de tal manera que se ajuste a lo real.
El primer método es evidentemente, imposible, al menos para el hombre; nosotros no cambiamos lo real, podemos mediante danzas orgiásticas, mediante drogas, ponernos en el estado físico y psíquico que nos imaginemos lo real distinto a como es. El hombre moderno conoce las drogas y tales desórdenes. Estos métodos tienen, entre otros inconvenientes, producir efectos poco duraderos. La sabiduría difiere de ellos absolutamente.
Puesto que no es posible cambiar lo real, no queda otro recurso que cambiar el deseo o en último extremo, suprimirlo; pero suprimir el deseo, es caer de nuevo en algo imposible: un ser que no tenga ningún deseo es un ser que no posee ninguna forma de vida, es un cadaver.
Debemos bucar la libertad interior, la paz del alma. Ese estado que, según la expresión de los antiguos, se asemeja a la superficie perfectamente calma de un mar sin oleaje.